El domingo 28 de Agosto finaliza en Valladolid la exposición dedicada al artista checoslovaco Miroslav Tichý, situada en la Sala de Exposiciones de San Benito. Para nosotros es un placer animaros a que aprovechéis ese tiempo para visitar está magnífica retrospectiva fotográfica realizada por un hombre sin atadura alguna con lo convencional, la perfección o el arte realizado como simple producto mercantil. Un loco-visionario con una determinación sin igual que le llevó a pasar varios años de su vida a realizar cientos de fotografías diarias en los alrededores de su casa. El centro de su atención fueron sus vecinos, sus calles y paisajes que recorría a pié cada día vestido como un andrajoso y con cámaras fotográficas construidas por el mismo con materiales de desecho (latas, botellas...). La gente a la que fotografíaba pensaba que era un loco inofensivo que realizaba fotografías imaginarias con cacharros imposibles. Y si que funcionaban. El mismo revelaba los negativos también con ampliadoras construidas por él.. El resultado: una oda a la imperfección, al error. Las imágenes están sucias por los químicos, los encuadres no son académicos, las imágenes deformadas por procesos de captación de luz con lentes realizadas con cristales pulidos por el propio Tichý. La obra sorprende porque Tichý es un artista que nunca se preocupó de la fama, ni el dinero, ni siquiera de la conservación de la propia obra (en el documental, que se puede ver en la sala, se ve a Tichý, tirando sus fotografías al suelo como si fueran viejas revistas o folletos publicitarios), además de hacer algo que para muchos fotógrafos resulta complicadísimo, ver el arte en lo cotidiano, en aquello que te rodea todos los días de tu vida.
Mi última reflexión comunica a Tichý con el personaje, real, de una película que he visto recientemente, "El secreto de Joe Gould", basada en un texto del periodista Joseph Mitchell. Un interesantísimo trabajo dirigido por Stanley Tucci, que nos presenta a otro artista loco y mendigo. Joe Gould, que como Tichý, era un hombre cultivado que poseído por una locura genial y autodestructiva se lanzó a vagar por las calles con la obsesión de escribir una "Historia oral de nuestro Tiempo" que resumiría las miles de conversaciones escuchadas en Manhattan, en el pequeño entorno en el que se movía. Obra que nunca llegó a a escribir.
Parecidos más que razonables que nos sumergen en el sueño creador que a veces se torna pesadilla.
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